sábado, diciembre 5, 2020

La culpa es habitual, pero no todos tienen las mismas características.

“El sentimiento de culpa es habitual en todas las personas, sin embargo, no todos tienen las mismas características. Cabe diferenciar entre lo que es una culpa convertida en responsabilidad, donde la mujer en este caso sí tiene margen de maniobra; y una culpa patológica, que es estéril, asfixiante y cuya finalidad es la tortura y la autodestrucción”, expone Adrián Garrido, psicólogo de Instituto Centta.

En el primero de los casos, esta culpa por no haber realizado bien las cosas hace que se sienta la responsabilidad de rectificar todos los errores que se han cometido para ser útiles en una situación futura. En cambio, la culpa estéril y asfixiante genera profundos sentimientos de malestar, pero sin la intención de ser modificados, cayendo así en una espiral de emociones que retroalimentan la culpa. Es en estos casos cuando la culpa se convierte en patológica. Es cuando puede aparecer el perfil victimista de la persona, no permitiendo salir de esa espiral emocional.

Por tanto, aconseja Garrido, “es necesario primero saber diferenciar qué culpabilidad es la que estás sintiendo, si es una culpabilidad patológica o una culpabilidad vista desde la responsabilidad, cuya intención es únicamente la de aprender”. 

Según Cristina Ramos, psicopedagoga y especialista en Arteterapia de Instituto Centta, “las personas capaces y creativas, con muchas ideas y autoexigentes, suelen imaginar múltiples soluciones a problemas, maneras de ocupar el tiempo o mejorar su realidad. Muchas veces las expectativas son incompatibles con la realidad, tenemos tiempo y recursos limitados, pero aunque racionalicemos el sentimiento, el sentimiento de culpa aparece porque los ideales están muy presentes. Los mensajes hacia las mujeres son constantes y cuanta más conciencia hay sobre las expectativas, más probable es que aparezca el sentimiento de culpa”.

La culpa nunca viene sola

“Por desgracia, la culpa nunca viene sola. Siempre aparece acompañada de otras emociones que nacen a raíz de este sentimiento de culpabilidad. Entre ellas se encuentran, por ejemplo, desde las más genéricas como la tristeza o la desesperación, hasta las más concretas como el remordimiento, la vergüenza o el arrepentimiento”, dice el psicólogo de Centta.

De hecho, el experto señala que el proceso de la culpa no es una proyección unidireccional que conlleve a las demás emociones, sino que estaríamos hablando de un proceso bidireccional cuya forma de funcionar es retroalimentándose. Un ejemplo de esto sería cuando en una pareja uno de los dos achaca al otro la falta de pasión o intimidad, provocando así un sentimiento de culpabilidad. Esto a su vez deriva en remordimiento (¿Podría haber hecho algo más?) o arrepentimiento (Ojalá hubiera actuado de forma diferente todo este tiempo), y cuanto más dejemos que estas emociones crezcan, mayor será nuestro sentimiento de culpabilidad. 

Motivos que suelen llevar a la mujer a sentirse culpable

Según Garrido, “algunos de los motivos más habituales que llevan a la mujer a sentir culpa surgen de unos objetivos demasiado idílicos o inalcanzables, que se acaban traduciendo en fracasos. Plantear objetivos como: hacer deporte todos los días, seguir una dieta estricta, salir a pasear, dedicarte tiempo a ti misma, quedar con amigos o familiares, etcétera”. 

Está claro que todos estos alicientes son importantes, prosigue el psicólogo. “Sin embargo, si planteamos los objetivos de una manera estricta y restrictiva pueden generar pensamientos tales como: Hoy no me ha dado tiempo a ir al gimnasio, Se me ha olvidado llamar a mi hermano, Normal que no baje de peso, si me empiezo a saltar el gimnasio… Si a estos pensamientos le sumamos arrepentimiento o vergüenza, es posible que lo que sientas es culpa por no haberlos alcanzado en el período de tiempo que habías estipulado. Por tanto, sería recomendable plantear objetivos, en primer lugar, realistas y alcanzables; y, en segundo lugar, flexibles”. 

Generalmente, cuando la persona tiene un rol de cuidador dentro de la familia y no atiende a las necesidades de las personas que componen este sistema familiar o de los allegados más cercanos suceden los sentimientos de culpa. Para Garrido, “si sacar tiempo para sí misma implica quitar este tiempo de atención al otro o no poder estar cuando el otro lo necesita, quiere decir que no está haciendo lo que ‘debería hacer’, por lo que no está alcanzando las expectativas que el otro espera de ella. Y de hecho, en multitud de ocasiones estas expectativas no son impuestas por la otra persona, sino que son autoimpuestas”.

Por ejemplificar lo dañino que puede llegar a ser esto: “Si normalmente estás acostumbrada a anteponer las necesidades del otro a las tuyas, en el momento en que esa atención la rediriges hacia ti, surge la idea de que estás desatendiendo a la otra persona, generando así sentimientos de culpa. Probablemente estés cayendo presa de tu rol de cuidadora y sería interesante que si necesitas ayuda para cambiar esto, contactes con un especialista”, sugiere Garrido. 

Culpa, baja autoestima y depresión

Cuando una persona se siente culpable todo el tiempo o le hacen sentir culpable, por no estar a la altura, no esforzarse más, no ser el perfil ideal o lo suficientemente buena, como ocurre en los casos de maltrato psicológico, puede acabar desarrollando baja autoestima porque ha interiorizado esa creencia”, comenta Ramos.

“La culpa puede llevarnos a sentirnos muy deprimidos, a raíz de la baja autoestima que hemos mencionado. Podemos llegar a pensar que no conseguiremos nunca lo que pretendemos o que nadie valorará lo que hacemos. Día tras día viviendo con esos pensamientos, podemos llegar a instalarnos en un ánimo depresivo”, destaca la psicopedagoga.

La culpa patológica podríamos decir que es la victimización. Esto sucede cuando las personas tienen una percepción de la realidad muy sesgada por esos sentimientos y todo lo leen desde sus vivencias, se sitúan en el centro y sienten que todo lo malo les pasa a ellas, que nunca levantarán cabeza, pero que se lo tienen merecido por no haber estado a la altura, que no sirven para nada y una larga lista de descalificaciones.

En palabras de Ramos, “cuando llegamos a este punto las relaciones con los demás son muy difíciles, las personas se sienten una carga, pero también tienen tendencia a sentirse ofendidas o abandonadas cuando los otros se alejan. Las herramientas con las que cuentan para gestionar las emociones del día a día son muy limitadas y, a menudo, les llevan a aislarse o tener conductas dañinas. En una situación así, pedir ayuda de un especialista puede ser la mejor opción para recuperar una mirada más amplia de la realidad y de sí mismas”.

Estrategias para la gestión emocional de la culpa

Para la psicopedagoga de Instituto Centta, una de las estrategias para la gestión emocional de la culpa sería racionalizar. Si analizamos por qué nos sentimos culpables, y las probabilidades de realizar aquello que no hemos conseguido, es probable que nos demos cuenta de que supondría renunciar a alguna de las tareas o responsabilidades que asumimos y que llegar a todo no es posible.

Otra estrategia, según Ramos, es “tomar conciencia sobre el espacio que damos en nuestra vida a este sentimiento, tratar de identificar de dónde nos viene, cómo lo aprendimos e interiorizamos, con qué mensajes va implícito. Las mujeres, a menudo, heredan esta tendencia de sus progenitoras y estas a su vez de las suyas. Es una cadena que funciona desde hace años y garantiza que las mujeres asumirán los mandatos que la sociedad tiene reservados para nosotras. Ser una buena madre, buena esposa, trabajadora, pero además eternamente joven y bella”.

Por último, recomienda esta experta, “si este sentimiento no nos resulta agradable y nos conflictúa, esta toma de conciencia puede ser útil a la hora de minimizarlo. Si nos mostramos críticas con los valores que nos llevan a sentirnos así, es más fácil que resolvamos el malestar diciendo algo tipo: No me puedo multiplicar o No tengo superpoderes, aunque a veces lo parezca

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