martes, marzo 2, 2021

Alcoholismo es una adicción que puede ahogar tu vida.

El alcohol tiene múltiples consecuencias físicas y psicológicas. Salir de este problema es posible con voluntad y ayuda.

Debido a que el alcoholismo es una enfermedad multicausal, su tratamiento debe seguir un enfoque multidisciplinar en el que se integre el trabajo de varios profesionales especializados en la adicción al alcohol. Los tratamientos actuales para alcohólicos no inciden sobre la dependencia, sino sobre el consumo y la decisión de consumir.

Hay varias fases en el tratamiento del alcoholismo y la primera estriba en el reconocimiento de la adicción por parte del paciente. Cuando este deja de beber manifiesta el síndrome de abstinencia, que debe ser tratado adecuadamente y que, dependiendo del grado de dependencia, puede hacer necesario el ingreso hospitalario del paciente. Esta fase se conoce como desintoxicación. En la última etapa del tratamiento, la deshabituación, el objetivo es que el paciente permanezca abstemio durante el resto de su vida.

Todo el proceso terapéutico se basa en intervenciones psicoterapéuticas, psicofarmacológicas y psicosociales, que incluyen: terapia individual o de grupo, programa de prevención de recaídas, farmacoterapia, psicoterapia familiar o de pareja, coordinación con grupos de autoayuda, seguimiento desde atención primaria, atención especializada, servicios sociales, y unidades de internamiento generales, y específicas para la dependencia (UDA).

Terapias psicológicas para tratar la dependencia al alcohol

Los tratamientos conductuales se basan en que la dependencia alcohólica es una conducta adquirida, consecuencia directa de una serie de factores que motivaron el inicio del consumo de alcohol, que en muchos casos también están relacionados con la permanencia del hábito. Por tanto, su objetivo es modificar esta conducta actuando sobre el individuo, con la colaboración de familiares y amigos. La influencia de las redes sociales de apoyo del paciente tendrá un papel crucial en la rehabilitación del alcoholismo.

Es frecuente, además, que el trastorno por consumo de alcohol vaya unido a otros trastornos de salud mental, es lo que se conoce como patología dual. Por ello, el paciente puede sufrir también depresión, ansiedad, u otra enfermedad mental, y es posible que necesite un tipo de intervención especifica para tratar el problema en conjunto.

Junto al tratamiento psicoterapéutico y farmacológico, y también con posterioridad al mismo, conviene recurrir a los grupos de apoyo que ayudan a las personas que se están recuperando del trastorno por consumo de alcohol a controlar las recaídas y a realizar los cambios necesarios en su estilo de vida para que les resulte más fácil mantenerse abstemio.

Medicamentos para abordar el trastorno por consumo de alcohol

En la primera fase de desintoxicación, justo tras la interrupción del consumo de alcohol, se suelen administrar al paciente medicamentos de tipo sedante, como las benzodiacepinas, para aliviar los efectos de su retirada y tratar el síndrome de abstinencia. Para la fase de deshabituación, que puede durar dos años o más y en la que es conveniente combinar el tratamiento psicoterapéutico y el farmacológico, hay medicamentos con diferentes mecanismos de acción que pueden ayudar a las personas con dependencia al alcohol a disminuir o abandonar su consumo y a prevenir las recaídas, pero es necesario que un profesional médico analice el caso de cada paciente y paute el tratamiento más adecuado.

Disulfiram es uno de los más empleados. Cuando el paciente bebe alcohol le provoca síntomas desagradables como náuseas, malestar general, mareos y enrojecimiento de la piel, lo que provoca un rechazo hacia esta sustancia. Otro de los habituales es la naltrexona, que bloquea los receptores del cerebro que hacen que el individuo se sienta bien cuando bebe alcohol y, al no conseguir la recompensa esperada, también puede ayudarle a disminuir su consumo.

Nalmefeno (Selincro), que fue aprobado por la Comisión Europea en 2013, actúa bloqueando los receptores cerebrales de opiáceos, por lo que reduce la satisfacción que obtiene el paciente al beber alcohol y, por consiguiente, le ayuda a controlar su consumo. Su principal objetivo es reducir el riesgo de recaídas y facilitar el mantenimiento de la abstinencia en los pacientes que han dejado de beber.

Es importante tener en cuenta, además, que aunque muchos problemas de salud que están relacionados con el consumo de alcohol mejoran significativamente tras suspender el consumo, el paciente puede haber desarrollado otras enfermedades que necesiten tratamiento y seguimiento continuos.

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