sábado, enero 29, 2022

La industria farmacéutica, ¿puede salvarnos como civilización?

Jorge Fontevecchia, Director Editorial PERFIL

Es el principal periodista estadounidense de investigación. Autor de libros célebres sobre las finanzas del Vaticano o la muerte de John Kennedy, publicó “Pharma” poco antes de la pandemia. Allí, además de prever una epidemia global, describía cómo funciona un sector poderoso, no siempre regulado plenamente por las autoridades. En marzo de 2020 declaró: “No me sorprendería una batalla por el monopolio de la vacuna”. Un año más tarde, ¿la batalla es geopolítica, es económica…? “Es tanto geopolítica como económica, y me decepciona la situación actual de la batalla.

En la Segunda Guerra Mundial hubo una plantita que el mundo podría haber utilizado como ejemplo para esta pandemia: la penicilina. La penicilina fue un nuevo fármaco que salvó millones de vidas, fue uno de los descubrimientos más importantes en la historia de la humanidad. Y cuando el gobierno de los Estados Unidos lo lanzó como un proyecto secreto, junto con los investigadores británicos de Oxford, una de las reglas para las compañías farmacéuticas que estaban involucradas era que debían compartir la información. Nadie es dueño de los derechos de propiedad intelectual. No se pueden comercializar. La penicilina es su propio producto. ¿Quién podría ser el dueño del Sol? No tiene dueño, es para beneficio de todo el mundo. Ahora, el gobierno de los Estados Unidos, los gobiernos europeos y otros dieron miles de millones de dólares del dinero de los contribuyentes a las compañías farmacéuticas para desarrollar una vacuna en una pista de carreras para ver quién podía llegar primero.

Estábamos todos tan ansiosos por conseguir la vacuna que, como resultado, ningún gobierno quiso decir a estas compañías farmacéuticas: ‘queremos que compartan toda su información de investigación’. Les permitimos desarrollar productos de los que obtuvieron beneficios individuales. Así es el capitalismo para la mayoría de los países. Está bien. Tienen derecho a obtener un beneficio justo. Pero hay otro aspecto de esto. Algunos países no pueden permitírselo. Incluso los países que no se manejan con el “América primero” de Donald Trump se preocupan por abastecer primero a su país. Cuando Sanofi, una empresa francesa, dijo que podría suministrar su vacuna a Estados Unidos primero porque le habían llegado miles de millones de dólares en dinero para investigación, el presidente francés, Emmanuel Macron, llamó al director ejecutivo y le exigió que abasteciera primero a Francia.

La pequeña empresa alemana que forma parte del empresariado de Pfizer tiene problemas en su país porque los alemanes no la consiguen tan rápido. Cada país quiere tener suficiente suministro para los suyos. La pregunta es: ¿cómo llega al Tercer Mundo y a las naciones en desarrollo? Y hay ideas para una distribución justa, pero no aplican. Fue una oportunidad perdida en muchos niveles, tanto geopolíticos como económicos”.

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