El pan, presente en casi todas las mesas, podría estar afectando más de lo que imaginamos nuestra salud. Su consumo excesivo no solo está relacionado con picos de azúcar en la sangre y sensación de hinchazón, sino que también podría aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares debido a los aditivos de los panes ultraprocesados.
“El pan es rápido, accesible y reconfortante, pero muchas veces olvidamos que contiene carbohidratos de fácil digestión que no son tan saciantes como los presentes en alimentos integrales”, explica la nutricionista Caren Richards. Esto lo convierte en un alimento que fácilmente puede promover el aumento de peso y el desequilibrio energético durante el día.
La periodista Miranda McMinn experimentó en carne propia los beneficios de reducir su consumo: “Después de cuatro semanas sin pan, me siento menos hinchada, he perdido peso y mis niveles de energía son más estables”. McMinn destaca que el cambio también le permitió evitar picoteos entre comidas, promoviendo una alimentación más equilibrada.
Expertos sugieren sustituir el pan por alimentos ricos en fibra como legumbres, tubérculos y granos integrales, que mejoran la salud digestiva y aumentan la saciedad. Además, combinar el pan ocasional con proteínas puede mitigar los efectos negativos en los niveles de glucosa y favorecer un control del apetito.

