Desmond Tutu era un sonriente arzobispo sudafricano cuya personalidad incontenible le ganó amigos y admiradores en todo el mundo.
El premio Nobel de la Paz, que ayudó a acabar con el apartheid en Sudáfrica, murió este domingo, en Ciudad del Cabo, a los 90 años.
El presidente de ese país, Cyril Ramaphosa, aseguró que la muerte del eclesiástico marcaba «otro capítulo de duelo en la despedida de nuestra nación a una generación de sudafricanos excepcionales».
El mandatario señaló que el arzobispo había ayudado a legar «una Sudáfrica liberada».
Tutu fue una de las figuras más conocidas del país, internamente y en el extranjero.
Se le atribuye haber acuñado el término Rainbow Nation (nación arcoíris) para describir la mezcla étnica de la Sudáfrica posterior al apartheid.
Se desempeñó como obispo de Lesotho (de 1976 a 1978), obispo asistente de Johannesburgo y rector de una parroquia en Soweto, antes de su nombramiento como obispo de Johannesburgo.
Desde esas posiciones alzó su voz contra la injusticia en Sudáfrica y nuevamente lo haría, a partir de 1977, como secretario general del Consejo Sudafricano de Iglesias.
Convertido en una figura de alto perfil antes de la rebelión de 1976 en los municipios negros, los sudafricanos blancos lo conocieron por primera vez como un activista a favor de la reforma, meses antes de que se desatara la violencia en Soweto.
Sus esfuerzos lo llevaron a recibir el Premio Nobel de la Paz en 1984, en lo que la comunidad internacional consideró como un gran desaire a los gobernantes blancos de Sudáfrica.

