La rivalidad entre Israel e Irán tiene raíces ideológicas, religiosas, geopolíticas y estratégicas. Aunque en décadas pasadas ambos países tuvieron relaciones diplomáticas, tras la Revolución Islámica de 1979, el nuevo régimen iraní rompió vínculos y adoptó una postura abiertamente hostil hacia Israel, al que no reconoce como Estado legítimo.
Irán, liderado por una teocracia chiita, apoya abiertamente a grupos armados como Hezbolá en Líbano y Hamás en Gaza, que tienen como objetivo la desaparición de Israel. Por su parte, Israel ve a Irán como una amenaza existencial, especialmente por su programa nuclear, que ha sido objeto de múltiples sanciones y negociaciones internacionales.
La reciente escalada se dio con la operación israelí “León Naciente”, en la que se atacaron instalaciones nucleares y objetivos militares iraníes. El primer ministro Benjamin Netanyahu declaró que la ofensiva busca frenar el avance nuclear iraní, que considera un peligro directo.
Teherán respondió con una andanada de misiles balísticos hacia territorio israelí, marcando un grave aumento de la tensión en Medio Oriente. El conflicto amenaza con extenderse si actores regionales toman parte.
Ambos países sostienen posturas irreconciliables que alimentan una rivalidad con consecuencias regionales e internacionales, elevando el riesgo de una guerra abierta.

