viernes, julio 19, 2024

Rusia recurre a células dormidas y espías no oficiales tras expulsiones de diplomáticos en Europa

Rusia ha adoptado métodos de espionaje más arriesgados tras la expulsión de espías que operaban bajo cobertura diplomática en Europa. Durante el último año, varias personas que llevaban vidas aparentemente comunes en diferentes partes del mundo han sido acusadas de ser agentes o colaboradores de la inteligencia rusa.

Entre ellos, una pareja argentina en Eslovenia, un fotógrafo de ascendencia mexicana y griega en Atenas y tres búlgaros detenidos recientemente en Reino Unido.

Además, se ha señalado a muchos otros por transmitir información a Rusia. Esto incluye a un guardia de seguridad de la embajada británica en Berlín, condenado a 13 años de prisión, y a más de una docena de personas en Polonia acusadas de trabajar para la inteligencia rusa.

Aunque hay detalles que aún no se esclarecen sobre los tres búlgaros detenidos en febrero, es evidente que desde la invasión de Ucrania por Putin en febrero pasado, Moscú ha recurrido a tácticas de espionaje más audaces y no convencionales. Esto se debe, en gran parte, a la expulsión de numerosos espías que operaban bajo cobertura diplomática en Europa.

Actualmente, para cualquier ciudadano ruso es más complicado obtener visas para el Reino Unido o la zona Schengen, reduciendo aún más sus opciones de infiltración.

Por ello, Rusia ha optado por activar células durmientes o delegar tareas de espionaje a agentes no oficiales. Estos pueden ser ciudadanos de terceros países o “ilegales”, agentes rusos que se hacen pasar por ciudadanos de otros países y establecen su cobertura durante años.

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