Cientos de miles de personas viajaron desde la Terminal de Ómnibus de Asunción hacia ciudades del interior del país en los últimos días, adelantándose a las restricciones que entraron en vigencia desde las 00:00 de este sábado. Desoyeron todas las recomendaciones sanitarias y el clamor del personal de blanco. Lo que queda por saber al cabo de la semana santa y en los días posteriores es si empeora la situación caótica que se vive en la actualidad por los casos de COVID-19.
Un éxodo masivo hacia el interior del país se pudo observar en los últimos días desde la Terminal de Ómnibus de Asunción, contrariamente a todas las recomendaciones y el clamor del personal de blanco para evitar las aglomeraciones y eventualmente llevar el virus a ciudades con pocos casos de COVID-19.

Sólo ayer se reportaron otros 48 fallecidos por COVID-19, con lo que la cantidad de víctimas fatales de la enfermedad ya llega 3958, mientras que los casos positivos ascendieron a 2004, con lo que trepan a 204704 en lo que va de pandemia.
Cómo se puede entender entonces que con estas cifras y con el clamor del personal de blanco porque ya no hay camas disponibles, desde el jueves de la Terminal hayan salido 50 mil personas por día y 600 por hora hacia sus respectivas localidades del interior.

Más allá de cualquier tipo de estimación que se pueda realizar al respecto, el futuro no es muy esperanzador después del escenario que se observó en la Terminal y en varios puntos de salida de la capital y el área metropolitana, con filas interminables de vehículos de personas que se «avivaron» y se adelantaron a la prohibición de viajar.
Las autoridades sanitarias repiten a cada momento que ya no hay camas disponibles ni para terapia intensiva ni para internaciones. Imágenes de pacientes con COVID-19 en sillas y bancos de los hospitales de referencia se observan a diario. ¿La vuelta de semana santa nos deparará algo peor?

